¿Gobierno?. Deja, deja

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Vaya por delante que considero un rotundo fracaso colectivo el hecho de estar sin gobierno, consecuencia de nuestra decadencia social y de la clase política que la representa, llamada por algunos “casta”, claro que sólo hasta el momento de incorporarse a ella.

Orillando lo anterior, llevo meses aliviado por la falta de vaivenes legislativos expresados en forma de reformas y reformas de las reformas, previas a su inmediata reforma.

Y es que, si bueno es pilotar el Estado con agilidad normativa para enfrentar todas las cuestiones que precisan regulación, no lo es menos acotar cuáles deben serlo y cuáles no. Y todavía más, producir las reformas legales desde el más amplio consenso político posible, con vocación de permanencia, con buena sistemática y redacción clara, concisa y comprensible.

Ya, ya sé que tal y como está el patio es mucho pedir, pero por desearlo que no quede.

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.

El padre de mi hija

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Escuché por primera vez esta forma de referirse a los ex, de la mano de las “chonis” de la telebasura.

Supongo que al usarla pensaban que era una forma refinada de llamar a la pareja con la que poco tiempo antes habían procreado y ahora no podían ni llegar a mencionar por su nombre.

En pocos años y gracias al declive intelectual que nos asola, la locución se ha hecho de uso generalizado y se ha extendido entre ambos géneros. Y así, el padre de mi hija o la madre de mi hijo, tanto monta.

El caso es que cuando escucho la frase de marras una y otra vez, normalmente de forma recíproca, durante un juicio en el que se ventilan cuestiones de familia, no puedo por más que representarme el profundo rencor que se guardan quienes otrora se quisieron y el sentido posesivo de los hijos comunes que representa el pronombre.

En fin…

Jorge-Oswaldo Cañadas Santamaría.